“El Hijo Amado, en Medio Del Pueblo”

Palabras clave

Siervo – Bautismo – Espíritu – Justicia – Paz – Misericordia – Dignidad – Esperanza

Introducción

Las lecturas de este domingo nos presentan el inicio de la vida pública de Jesús, marcado por un gesto sencillo y profundamente revelador: Jesús se hace bautizar.

No comienza su misión desde un lugar de privilegio, sino compartiendo la condición humana, entrando en la historia concreta de su pueblo. En este gesto se nos revela un Dios que se acerca, acompaña y sana, y que entiende la justicia como restauración de la dignidad.

Primera lectura: Isaías 42, 1-4. 6-7

El profeta Isaías describe al Siervo del Señor con rasgos sorprendentes: no grita, no impone, no quiebra lo frágil. Su misión es sostener, iluminar y liberar.

Dios elige un camino silencioso pero firme, donde la justicia no se impone por la fuerza, sino que se construye desde el cuidado de los más vulnerables.

Este texto nos invita a mirar nuestra realidad con los ojos de Dios, reconociendo cuántas personas y pueblos viven hoy con heridas abiertas, esperando no ser aplastados, sino acompañados.

Salmo 28

El salmo proclama que el Señor bendice a su pueblo con la paz.

No se trata de una paz superficial, sino de una paz que nace de la confianza en Dios, que sostiene la vida aun en medio de la tormenta. La voz del Señor no destruye, sino que da firmeza y esperanza a su pueblo.

Segunda lectura: Hechos 10, 34-38

Pedro anuncia que Dios no hace distinción de personas. Esta afirmación abre el horizonte de la salvación a todos y nos recuerda que nadie queda fuera del amor de Dios.

Jesús pasó haciendo el bien, sanando y levantando a los oprimidos. Su modo de actuar revela un Dios cercano, que se compromete con la vida concreta de las personas y camina junto a quienes más lo necesitan.

Evangelio: Mateo 3, 13-17

En el bautismo de Jesús, el cielo se abre y el Espíritu desciende. Dios confirma públicamente el camino de su Hijo: un camino de humildad, cercanía y entrega.

Jesús se solidariza con su pueblo y, desde allí, comienza su misión. No se separa de la humanidad herida, sino que entra en sus aguas, las purifica y las transforma en fuente de vida nueva.

Estas lecturas nos invitan a renovar nuestro propio bautismo. Nos recuerdan que seguir a Jesús implica elegir caminos de mansedumbre, justicia y paz, aun en medio de realidades complejas y dolorosas.

Dios sigue actuando en la historia, no desde el ruido del poder, sino desde los gestos pequeños que restauran la dignidad y mantienen viva la esperanza.

Que al contemplar a Jesús bautizado, aprendamos a reconocer la presencia de Dios allí donde la vida parece frágil, y a ser instrumentos de su paz en nuestro mundo

Giselle Barzola

 

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