“No tengan miedo de los que matan el cuerpo”

El mes de junio es un mes de muchos festejos con las conmemoraciones de los tres santos que son más celebrados: San Antonio, San Juan y San Pedro. Este año tenemos una animación extra: tenemos los juegos de la copa del mundo de fútbol, lo que trae un condimento más, más festividades. Los adornos se integran y las comunidades se organizan con alegría para los dos eventos en uno solo.

In la primera lectura tenemos al profeta Jeremías (Jr 20, 10-13), que nos habla de lo que veía y oía: hombres sembrando el miedo, diciendo injurias; y nos muestra que el Señor está del lado correcto y que nos orienta a no responder con la misma moneda. El Señor nos salva de los malos y protege a los justos, ve los sentimientos del corazón de cada uno.

En la segunda lectura, San Pablo nos recuerda que el pecado no puede ser imputado cuando no hay ley. Las leyes disciplinan los ritmos de vida de toda una sociedad. En Brasil estamos presenciando cómo el Congreso Nacional realiza la votación para reducir la edad penal. La sociedad necesita participar, discutir y entender la existencia y aplicación de las leyes para niños y adolescentes. Pedir que Dios ilumine y oriente a los parlamentarios que hacen las leyes, pero también organizarse para participar en estos momentos decisivos para la vida de toda una nación. Que el amor sea el fundamento de esta compleja decisión.

En el evangelio del día, Mateo (Mt 10, 26-33) recuerda las palabras de Jesús a los apóstoles: “No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay oculto que no llegue a saberse”. También fortalece la idea de que los apóstoles no tengan miedo, y para ello hace una comparación con el valor de los gorriones, recordando que los humanos valen más que los pajarillos gorriones, pues poseen un valor inestimable y una amorosa atención divina. Dios cuida de los mínimos detalles.

Para superar esos momentos difíciles, Santa María Eugenia, fundadora de la Congregación de las Religiosas de la Asunción, también tuvo momentos de mucha tensión, y en esos momentos el silencio y su fe se fortificaron con la oración: “Señor, quita de mí la inquietud respecto a la obra para preocuparme solo por el cumplimiento de lo que quieres, con la luz y la gracia que tendré en el momento” p. 64, María Eugenia – Por Jesús y por el Reino.

La promesa del Padre refuerza la confianza que debemos depositar en Él. Aquel que se declare a favor del Padre también será protegido por Él ante el Padre que está en los cielos.

Es importante recordar que fue publicada la primera Encíclica del Papa León XIV – Magnifica Humanitas, una de las más largas; debemos conocerla, discutirla y entenderla, está en un lenguaje muy accesible y nos presenta dos fuertes referencias bíblicas: la Edificación de la Torre de Babel y la Reconstrucción de las Murallas de Jerusalén. Donde el elemento destacado es la referencia a Dios.

Por último, …”en un lenguaje evangélico, sugiere que elijamos la claridad que ilumina y la franqueza que abre camino”.

Socorro Sales

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