La Pascua es el centro de la fe cristiana, pues celebramos la Resurrección de aquel en quien creemos y a quien seguimos. La Resurrección nos trae un mensaje de esperanza.
Esa mensaje nos fue transmitido por hombres y mujeres que convivieron con Jesús antes y después de la resurrección. Cada uno vivió una experiencia muy personal con Jesús resucitado.
Primera Lectura: Hch 10,34a.37-43.
El texto de la primera lectura fue escrito por Lucas entre los años 80-90, para una comunidad que necesita discernir la verdadera doctrina de Jesús.
El texto nos trae el testimonio de Pedro, en la casa de Cornelio, un centurión romano. Pedro hace una catequesis, en la casa de este pagano, donde describe la actividad de Jesús, bajo la acción del Espíritu Santo, su muerte en la cruz y su resurrección por acción de Dios.
Pedro se presenta como aquel que hacía parte del grupo de Jesús y que recibió la orden del propio Jesús de dar testimonio de él. Por su testimonio él presenta la propuesta de Jesús de salvación para todos y, por su identificación con él también serán resucitados, o sea, van a renacer para una vida nueva y plena.
Pedro nos habla que Jesús estaba plenamente unido a Dios Padre. Y que Jesús fue constituido por Dios juez de los vivos y de los muertos (vs.42 y 43) y redime los pecados de quien en él crea.
También nosotros que seguimos a Jesús crucificado, muerto y resucitado somos llamados a vivir esa vida nueva como testigos vivos de la resurrección y del poder de Dios sobre la muerte.
Segunda Lectura: Col 3,1-4.
Este texto nos invita a vivir la vida nueva en Cristo. Pues si resucitamos con él debemos mantenernos unidos a él en todo. Por el bautismo morimos para el pecado, así la invitación es a vivir unidos a Jesús que nos dio una nueva vida. Incluso viviendo en la tierra nuestra vida debe estar orientada hacia el Cristo Resucitado.
Evangelio: Jn 20,1-9.
Todos los textos relacionados con la resurrección de Jesús no traen una descripción de ella, pues la Resurrección es una experiencia personal y comunitaria. El Evangelio de Juan es el evangelio de los signos, y el texto de hoy nos trae varios signos de la resurrección.
El evangelio nos muestra la actitud de tres personas que vivían en comunidad, en relación al mismo acontecimiento, en este caso la Resurrección de Jesús. Cada uno tuvo su manera de ver y vivir su proceso de fe. Son tres personas, número simbólico en la Biblia, que significa plenitud.
El texto se inicia con la frase: “El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro…”, remitiéndonos al último día de la creación, o sea, el día siguiente al sábado. El autor nos indica una nueva creación, un nuevo tiempo.
Algunos elementos de los primeros versículos nos llevan a los mismos elementos de la primera creación: oscuridad, el vacío de la tumba, o sea, el propio estado de ánimo de María Magdalena y de la comunidad de Jesús. La comunidad estaba sintiéndose en la oscuridad, había un vacío debido a la ausencia de Jesús.
María Magdalena inconformada con esta situación quiere encontrar una salida y va al sepulcro en busca de Jesús. Llega al sepulcro y ve que la piedra había sido retirada, no encuentra el cuerpo de Jesús y deduce que había sido robado.
Ni siquiera la piedra retirada del sepulcro anima a María, ella está buscando el cuerpo de un muerto. Para ella la muerte había vencido.
María Magdalena corre, pues está desesperada. Ella llama a Pedro y al discípulo amado. Dos discípulos muy próximos de Jesús. Los dos también van corriendo al sepulcro para confirmar lo sucedido. Una actitud mostrando que la mujer no era creída en aquella sociedad y una actitud de quien está buscando un cadáver o de quien tiene un gran amor por aquel que murió.
El discípulo amado llega primero, ve, pero no entra. Simón Pedro llega después, entra, ve los lienzos de lino por tierra y el sudario aparte. Pedro ve con detalles, pero necesita más tiempo para elaborar ese proceso interiormente.
El sudario doblado aparte- en la tradición judía cuando la persona a la mesa doblaba la servilleta cuando dejaba la mesa de comida, significaba que ella va a volver. Si él deja la servilleta de cualquier forma significa que él terminó y no volverá a la mesa.
Pedro vio lo mismo que el discípulo amado había visto, sin embargo llevó más tiempo para convencerse de la resurrección del Maestro. Él había resistido a algunas actitudes de Jesús durante la vida, tuvo una reacción de no aceptación de la manera de Jesús actuar en la última cena, y negara al Maestro tres veces, en fin, tenía dificultad de comprender. Todo eso debe haber sido reflexionado en el corazón de Pedro hasta que él llegase a una fe explícita en Jesús Resucitado.
El discípulo amado es aquel que también ama mucho, por eso corre deprisa para llegar al sepulcro. Él tuvo una profunda experiencia de amor con el Maestro durante su discipulado y por eso espera que Pedro tenga su tiempo de hacer la experiencia y después entra en el sepulcro ve los signos y cree. Cada uno de los tres tuvo una reacción al depararse con el acontecimiento: María se espanta y llora, Pedro se queda en silencio, el discípulo amado ve y cree. Así son las personas en la comunidad: tienen reacciones diferentes frente al misterio y por eso deben ser respetadas. Cada experiencia es importante: algunos necesitan más reflexión para llegar a la fe, otros es en la vivencia cotidiana que perciben los signos que se solidifican en él y otros, como María Magdalena y las mujeres generadoras de vida buscan salir de una situación difícil y apuntan para una nueva vida.
Ellos vuelven a casa y a partir de las Escrituras van comprendiendo los hechos sucedidos. Pero además de las Escrituras es necesaria la experiencia del Amor auténtico para encontrarse con el Resucitado. Es lo que será relatado en la secuencia de este evangelio, cuando Jesús se presenta a María Magdalena en el jardín, cuando él pregunta a Pedro si lo ama.
¿Cómo es nuestra experiencia de encuentro con Jesús Resucitado? ¿Dónde y cómo vemos los signos de Pascua en nuestro medio, en nuestra vida? ¿Nuestra fe es un proceso en crecimiento que se va solidificando como sucedió con Simón Pedro?
Irmã Nádia



