Desde los últimos días de marzo, en varias vitrinas de tiendas se veían conejos de todo tipo: eran conejos grandes, pequeños, quietos, sentados, de pie, corriendo… Y, en las tiendas que vendían caramelos, dulces y toda clase de golosinas, había cajas y cajas de bombones de varias marcas de chocolate… Pregunte a cualquier niño qué anuncian los conejos y los chocolates, y la respuesta puede incluso venir en coro: ¡es Pascua!
¿Pascua?… Pero, ¿será que la Pascua es solo eso: conejo y chocolate?… ¿Qué es la Pascua, al final?…
Nuestro mundo parece que se dejó dominar por todo aquello que se puede comprar. El comercio parece que se adueñó de la vida… Pero no todo se reduce al comercio, ni todo se puede comprar… El sentido de la vida no es algo que se compre. Y la Pascua es algo que está muy profundamente ligado al sentido que damos a nuestra propia vida.
Para quien es cristiano, la Pascua es la mayor fiesta de nuestra Iglesia. La palabra “Pascua” está profundamente ligada al sentido de “paso”. Nuestra fe cristiana está muy íntimamente ligada a la fe del Pueblo de Dios del Antiguo Testamento. Jesús pertenecía a este pueblo. Él es el Dios que se encarna, que se hace uno de nosotros, humano como nosotros, para hacernos pasar a la plena libertad de los hijos e hijas de Dios.
El pueblo del Antiguo Testamento celebraba la Pascua como el paso de la esclavitud a la libertad: de esclavos en los que se habían convertido en Egipto, pasaron a ser un pueblo libre en su propia tierra. Todos los años, ellos celebraban una gran fiesta para recordar este gran acontecimiento de su Historia. Esta celebración tenía su punto alto en una comida especial, que tenía un rito propio.
Los evangelios nos cuentan que Jesús celebró la Pascua con sus seguidores. Y fue en esta Cena Pascal, la última que Jesús celebró con los suyos, que él dio a esta comida su sentido pleno, pues fue en ella donde instituyó la Eucaristía.
Según los evangelios, los acontecimientos de la Paixão, Muerte y Resurrección de Jesús siguen inmediatamente a esta comida que Jesús compartió con el grupo de sus apóstoles y seguidores, formando un único bloque de sentido: el de un paso muy especial, de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. Jesús pasó de la muerte a la vida y nos hizo pasar de la esclavitud del pecado (que no deja de ser un tipo de “muerte”) a la libertad de los hijos e hijas de Dios, lo que nos hace vivir una “vida plena”.
En Jesús, pues, el sentido pleno de la Pascua se revela para nosotros: ella marca el paso de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos e hijas de Dios, de la muerte al mal para la vida en Dios. Jesús pasó de la muerte real en la Cruz a la vida plena de la Resurrección; y él nos lleva a vivir también un paso, de la muerte al pecado para la vida plena de la gracia.
Estamos en pleno tiempo de celebración de la Pascua. Hace pocos días, seguíamos a Jesús en el camino del Calvario, para después encontrarlo en la brillante mañana de Pascua. Pascua es la fiesta de la vida. Vida nueva. Vida plena. ¡Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre, resucitó! Esta es nuestra fe. Y, porque creemos en él, somos llamados y llamadas a vivir una vida nueva. Pascua es Vida. Pascua es Vida Nueva. Pascua es transformación.
Sí, todos somos llamados a transformarnos día a día, a convertirnos en personas mejores, a dejar atrás todo aquello que hacía pesada nuestra vivencia: riñas, malquerencias, mentiras, pereza, rabia, desprecio, envidia – nuestros pecados… La lista es grande…
Pero esta transformación no es fácil. Queremos vivirla, pero no siempre sabemos por dónde empezar… Nuestra Maestra de Vida, Santa María Eugenia, puede ayudarnos con algunos consejos. Veamos:
“Durante esta vida, hay transformaciones. Vean a la oruga, antes de convertirse en una linda mariposa. Pobre oruga… Decimos que es fea, desagradable… Pero, muy pronto, se transformará en una mariposa brillante. Así también nosotros…” (16/04/1871).
“¿Qué es el misterio de la Asunción de la Santísima Virgen sino un misterio de transformación, de resurrección, de triunfo de la naturaleza sobre la muerte, de su unión con Dios? Es un misterio de desapego alegre – ¿y no es ese nuestro espíritu, nuestro modo de ser Asunción?” (16/04/1871).
“La fiesta de Pascua, que acabamos de vivir, ciertamente trajo gracias para nosotros. Pero, ¿por qué no siempre sacamos bastantes frutos de estas solemnidades? Es porque no entramos en el misterio que representan. Si lo siguiéramos, si penetráramos en él más profundamente, sacaríamos de él grandes enseñanzas” (04/04/1871).s
Santa María Eugenia nos invita a “entrar” en el misterio que celebramos. Vamos a intentar rezar, meditar sobre la Resurrección de Jesús, la Pascua que aún estamos celebrando. Y pidámosle a él que nos dé la gracia de una profunda transformación: que podamos ir dejando caer nuestros defectos y vivir la transformación que hará de nosotros las personas que Dios quiere que seamos. ¡Que él nos dé la gracia de poder vivir una Vida Nueva!

Irmã Regina Maria Cavalcanti

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