CORRECCIÓN FRATERNA

En el 22º Domingo, Jesús nos hizo una exhortación: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. En la liturgia de hoy, el Maestro vuelve a decirnos: “Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo a solas tú con él”.

Con esta orientación, Jesús indica la metodología adecuada para las relaciones humanas. La corrección fraterna es una de las expresiones más altas del amor. Las pautas que las lecturas bíblicas ofrecen a la comunidad constituyen un verdadero programa de vida cristiana.

Primera Lectura (Ez 33, 7-9) El profeta Ezequiel recibe el llamado para corregir a los malvados en nombre de Dios: “A ti, hijo de hombre, te he puesto como centinela del pueblo”. Ezequiel tiene la misión de ser el guardián de la vida, con el deber de anunciar los peligros o desafíos que se aproximan y ayudar al pueblo a defenderse del enemigo.
Como profeta, alerta a la comunidad a estar atenta a los acontecimientos que envuelven a la humanidad. Actúa como una señal de tránsito —¡atención!, ¡detente!, ¡sigue adelante!—, ayudando al pueblo a ver la realidad que lo rodea. Defiende el derecho y la justicia, alzando la voz a favor de los que sufren bajo la opresión de los poderosos: “¡Ay de mí si no hablo la verdad que he oído; ay de mí si me callo cuando Dios me mande hablar!”.
Advertir en nombre de Dios es un llamado a corregir con amor y caridad, buscando siempre el bien del prójimo, pues la corrección amorosa toca el corazón.

Segunda Lectura (Rm 13, 8-10) Encontramos explicaciones sobre el amor al prójimo como el cumplimiento perfecto de la Ley. Mediante esta práctica, saldamos cualquier deuda que hayamos podido contraer. De hecho, nuestra única deuda permanente debe ser el amor mutuo, pues quien ama no hace mal a su prójimo.
Salmo Responsorial [Sal 94(95)]
El Salmo nos invita a adorar al Señor y a no endurecer nuestro corazón, como hicieron los israelitas en el desierto. Somos el pueblo de Dios y debemos escuchar su voz hoy.
Dios puede hablar directamente a nuestro corazón mediante señales, a través de un hermano, de una hermana o de acontecimientos —sean tristes o alegres—. Nuestro Dios es un Dios siempre presente en medio de nosotros.
Evangelio (Mt 18, 15-20)

En el Evangelio de Mateo, Jesús nos invita a reflexionar sobre cuán importante y necesaria es la corrección fraterna. Vivir en comunidad exige cuidado, y asumir el papel de “orientador” puede ser complejo. Por eso, Jesús nos presenta una forma simple y concreta de actuar en estos momentos: dialogar con la persona y escuchar lo que tiene que decir.

Es necesario contar con la ayuda de Dios, comprender los motivos, escuchar con el corazón y ponerse en el lugar del otro. Ante las dificultades, vale la pena preguntarse: ¿cómo actuaría Jesús en este caso?
El Papa Francisco nos dejó una profunda reflexión sobre este pasaje del Evangelio de Mateo:
“Hoy el Evangelio nos habla de la corrección fraterna (cf. Mt 18, 15-20), que es una de las expresiones más altas del amor, y también una de las más desafiantes (…). Desgraciadamente, lo primero que suele crearse alrededor de quien se equivoca son los chismes (…), que traen división y nunca ayudan a mejorar (…). San Bernardo decía que la curiosidad estéril y las palabras superficiales son los primeros escalones de la escalera del orgullo (…).

Jesús, en cambio, nos enseña a comportarnos de otra manera: habla con él ‘cara a cara’, con justicia, para ayudarle a comprender en qué se equivoca, por su propio bien, con mansedumbre y bondad. Pero, podemos preguntarnos, ¿y si eso no es suficiente? Entonces hay que buscar ayuda. Pero cuidado: ¡no la del grupo de charlatanes!, sino la de personas que realmente quieran ayudar a ese hermano o hermana.
¿Y si sigue sin entender? Entonces, dice Jesús, involucra a la comunidad. Pero, una vez más, seamos claros: no se trata de avergonzarlo públicamente (…). Señalar con el dedo hace más difícil reconocer el error. Por el contrario, la comunidad debe hacerle sentir que, al tiempo que condena el error, está siempre dispuesta a ofrecerle un nuevo comienzo.

Por eso nos preguntamos: ¿cómo me comporto con quien se equivoca contra mí? ¿Soy valiente e intento hablar con él o con ella? Y tú, ¿qué haces: señalas con el dedo o abres los brazos?”
(Papa Francisco, Ángelus, 10 de septiembre de 2023)

Hermana Maria Teixeira Filho

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