23/08/2026 – AÑO A
Primera Lectura (Is 22,19-23)
El texto de la primera lectura está insertado en el libro del profeta Isaías y nos prepara para entender el Evangelio.
Isaías nació alrededor del 760 a.C. y se crió en la corte. Era un profeta que simpatizaba con la monarquía, pero se dirige a los gobernantes diciendo que una buena administración debe tener como base el derecho y la justicia.
El texto fue escrito alrededor del 740 a.C., pero hace referencia al reinado de Ezequías en el 716-687 a.C.
El oráculo de Isaías se dirige al administrador del palacio, Sobna, quien será destituido de su cargo por su mala administración. Será sustituido por Eliacín, quien ejercerá su autoridad con responsabilidad buscando la justicia. Él recibirá las llaves del palacio, es decir, será el administrador de los bienes del rey y tendrá el control de las puertas. Las llaves representan la autoridad delegada por otro.
Este texto nos muestra que el poder es servicio y debe ser ejercido con cuidado, presteza, atención y bondad. La autoridad debe ser ejercida responsablemente como un servicio al pueblo.
Evangelio (Mt 16,13-20)
El Evangelio de Mateo fue escrito en Antioquía de Siria, entre los años 80-85, por judeocristianos que huyeron de Judea durante la guerra judeo-romana y se establecieron allí. Es el Evangelio que más cita el Antiguo Testamento.
El Evangelio muestra el conflicto entre la sinagoga y las comunidades cristianas entre los años 80 y 90, así como entre cristianos procedentes del judaísmo y los procedentes de otras culturas. En esta época, los rabinos se consideraban los verdaderos intérpretes de la ley.
El contexto en el que fue escrito el texto de este domingo se encuadra en la subida de Jesús a Jerusalén. El lugar donde ocurre la escena es importante: están en el norte de Galilea, en el territorio de Cesárea de Filipo, ciudad construida por Herodes en homenaje al emperador César Augusto.
Estar en el territorio de César quiere mostrar el contraste entre la autoridad ejercida por el mundo (los poderosos), basada en la dominación y la acumulación de poder, y la autoridad cristiana enseñada por Jesús, basada en el amor, el servicio y la entrega.
El texto se puede dividir en dos partes: la identidad de Jesús y la Iglesia que tendrá en Pedro la figura central.
Jesús hace una pregunta muy importante a los discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?”.
Los discípulos responden haciendo alusión a profetas que vivieron hace mucho tiempo entre los judíos: Juan el Bautista, Elías, Jeremías u otro profeta. La gente reconocía que Jesús hablaba como un profeta, que había sido enviado por Dios, pero no percibía la profundidad y la esencia de Jesús.
Jesús pregunta a los discípulos, para ellos, particularmente, ¿quién es el Hijo del Hombre?
Simón Pedro responde, resumiendo lo que piensa la comunidad: Jesús es el Mesías, el Hijo del Dios Vivo, un título muy conocido por los judíos. Ser el Mesías para los judíos significa ser enviado de Dios para liberar a Israel y, la comunidad de Mateo reconoce que él es también el Hijo de Dios. Ser Hijo de Dios significa tener una relación profunda con Dios; aquel que vive en comunión plena con Dios asumiendo y realizando su misión. Con este título de Hijo de Dios, los discípulos inician la comprensión de quién es Jesús.
En la segunda parte del texto, Jesús felicita a la comunidad por la comprensión, en la persona de Pedro, pero explica que esta revelación viene de Dios a través de la experiencia de cercanía con él.
Pedro representa a los pobres, a los pequeños y a los sencillos, en contraposición a los sabios, a los rabinos y fariseos que se entienden como los únicos intérpretes de la ley (Mt 11,25).
A partir de esa respuesta, Jesús le da un nuevo nombre, una nueva identidad a Simón. Pasa a llamarse Pedro —roca— y con el nombre recibe la misión de administrar esta comunidad de seguidores. La expresión “atar y desatar” significa que quien ejerce la autoridad debe estar conectado con la enseñanza de Jesús y transmitirla a la comunidad. Esta autoridad es un servicio concedido por Dios.
Jesús es el Hijo de Dios enviado al mundo. La Iglesia es la comunidad de los seguidores de Jesús y debe dar testimonio, a través de sus acciones, de la misión recibida del propio Jesús. Y esa Iglesia tiene una autoridad que es servicio, amor y entrega para todos.
Así, este texto nos motiva a preguntarnos a nosotros mismos:
- ¿Quién es Jesús para mí y para mi comunidad? Esa respuesta solo podemos encontrarla en lo profundo de nuestro corazón a partir de nuestra experiencia.
- ¿Qué es la Iglesia para mí? ¿Por qué estoy en ella?
- Como seguidores de Jesús, ¿cómo debo ejercer la autoridad?
Hermana Nádia



