¿Qué mueve las elecciones de nuestro corazón?

Mis hermanos y mis hermanas, la Liturgia de la Palabra de este domingo, el decimoséptimo del Tiempo Ordinario, nos coloca frente a un espejo espiritual y nos hace una pregunta directa y transformadora: ¿cuáles son las verdaderas prioridades sobre las que estamos construyendo nuestra existencia?

Todos los días somos asediados por promesas del mundo que intentan definir lo que es el éxito y la felicidad. Nos venden la idea de que la realización plena está en acumular bienes, obtener prestigio, ser poderoso, estar entre los ganadores.

Sin embargo, la Palabra de Dios hoy nos invita a hacer una pausa en el ruido del cotidiano para mirar hacia dentro de nosotros. Dios nos llama a discernir lo que es transitorio de aquello que es eterno, invitándonos a descubrir dónde está guardado nuestro verdadero tesoro.

En la Primera Lectura (1 Reyes 3, 5.7-12) encontramos al joven rey Salomón al inicio de su reinado. Se ve ante una responsabilidad gigantesca: gobernar al pueblo de Dios. Es en ese escenario donde el Señor se le aparece en sueños durante la noche y le hace una oferta extraordinaria: “Pide lo que quieras”. Imaginen si Dios hiciese esa misma propuesta a cada uno de nosotros hoy. ¿Qué pediríamos inmediatamente? ¿Riqueza? ¿Salud? ¿Longevidad? ¿Poder? Serían muchas y variadas las opciones.

Salomón, sin embargo, demuestra una madurez espiritual que nos impresiona. No se deja llevar por la codicia o por el orgullo. Reconociendo su pequeñez, hace una oración profundamente humilde: pide a Dios un corazón inteligente y sabio para saber discernir entre el bien y el mal y gobernar con justicia. Salomón entendió que gobernar su vida y servir a los hermanos no exige astucia, sino la sabiduría que viene de lo Alto. La actitud de Salomón agradó tanto al Señor porque colocó la justicia y el bien común por encima de sus intereses egoístas. Y porque buscó la sabiduría, Dios lo bendijo con todo lo demás.

Escuchamos en el Salmo Responsorial la respuesta vibrante de nuestro corazón al ejemplo de Salomón: “¡Cuánto amo, Señor, tu ley!”. El salmista declara que la Palabra de Dios vale más para su vida que “millones en oro y plata”. Cuando nos encontramos en el Señor, Sus mandamientos pasan a ser nuestro mayor tesoro, nuestra alegría diaria y el faro que nos ilumina para no perdernos en el camino.

En la Segunda Lectura (Romanos 8, 28-30), el Apóstol Pablo con sus palabras nos llena de consuelo y esperanza. Nos deja uno de los versículos más consoladores de toda la Biblia: “Sabemos que Dios interviene en todo para el bien de aquellos que Lo aman.” Pablo nos recuerda que nuestra existencia no es fruto del azar. Dios nos amó con un amor eterno y gratuito. Incluso ante los dolores, las cruces, las incertidumbres y las incomprensiones de la vida presente, quien confía en Dios sabe que puede contar con Él. Dios transforma hasta nuestras dificultades en medios de maduración y salvación. El proyecto final del Padre para cada uno de nosotros es la vida plena y la participación en Su gloria eterna.

Llegamos al Evangelio donde Jesús concluye Su discurso con una bellísima parábola sobre el Reino de los Cielos y su semejanza con estas imágenes sencillas y cotidianas para mostrarnos la grandeza de la salvación. Son ellas:

a) El Tesoro Escondido en el Campo: Un hombre encuentra un tesoro en un campo. Lleno de una alegría contagiosa, va, vende absolutamente todo lo que tiene y compra aquel campo;

b) La Perla de Gran Valor: Un comerciante busca perlas finas. Al encontrar una de valor inestimable, vende todo lo que posee para adquirirla; y

c) La Red Echada al Mar: La red se echa al mar y recoge peces de todas las especies. Al llegar a la playa, los pescadores se sientan para separar los peces buenos en cestos y tirar los que no sirven.

Para nuestra reflexión: ¿Cómo aplicar estas parábolas en nuestra vida? ¿Dónde está guardado nuestro tesoro (corazón)? Para ello, pidamos al Señor la sabiduría de Salomón para que sepamos tomar las decisiones correctas junto a nuestra familia, nuestra comunidad y nuestro trabajo.

Que Dios nos bendiga.

Aderson Castro – 26/07/2026

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