“CADA UNO DE NOSOTROS TIENE UNA MISIÓN SUR LA TIERRA”

Esta afirmación de Santa María Eugenia es el resultado de la experiencia vivida y reflejada a lo largo de su vida. Al recordar su Primera Comunión, relata su primera experiencia de Dios y la intuición de una llamada.

“Al regresar de la Mesa de Comunión me preguntaba cómo encontraría a mi madre, cuando escuché una voz dentro de mí que decía: Perderás a tu madre, pero seré para ti más que una madre, un día lo dejarás todo. Me encanta darme gloria y servir a esta Iglesia que no conoces”.

Pasada la adolescencia, sufriendo la separación de sus padres y la muerte de su madre, profundas interrogantes sobre el sentido de la vida y dudas de la fe, a los dieciocho años participa en la preparación de la Cuaresma, con las conferencias del Padre Lacordaire en NotreDame. Hablando de las grandes cuestiones existenciales y de cómo llegar a la fe, concluye con una provocación:

“¿Cómo adquirir la fe? Todos podemos orar, porque todos creemos o dudamos … ¿no podemos decir estas palabras: “Oh Tú, quienquiera que seas, que nos hiciste, sácame de mis dudas y de mi miseria … ¿quienes no puede ora asír?

Recogiendo los efectos que tuvieron en ella las palabras del padre Lacordaire, María Eugenia afirma:

“Estaba verdaderamente convertida y había concebido el deseo de dar todas mis fuerzas, o más bien toda mi debilidad a esta Iglesia, que de ahora en adelante era, a mi modo de ver, la única que poseía aquí en la tierra el secreto y el poder del bien”.

Continuando con esta búsqueda, llega a una conclusión y afirma:

“A partir de entonces, resolví volverme serio y verdaderamente cristiano, no a la manera del mundo, sino a la manera del Evangelio”.

El estudio del cristianismo y la lectura de los grandes pensadores de su tiempo despertaron su interés por la política, la cuestión social, el papel de la Iglesia; todo vibra tu estar sediento de verdad. Experimenta el poder liberador de Jesucristo, que despierta su deseo de cooperar en la obra de transformación de la sociedad a través del Evangelio.

Posteriormente, tras la fundación de la Congregación, respondiendo al sacerdote, que acompañaba la Obra y que cuestionaba su futuro, María Eugenia dijo:

“Mi mirada está toda en Jesucristo y en la extensión de su Reino”.
“Pensaba que la voluntad de Dios por la Ley del Evangelio era un estado social, en el que todo hombre sólo tenía que sufrir las fatalidades de la naturaleza, es decir, que el principio cristiano tendía a quitar de cada uno la opresión de los demás”

María Eugenia madura sus pensamientos con el tiempo, en la reflexión y la oración. Conoce la realidad de su tiempo y, poco a poco, descubre la Iglesia, en la que ve riquezas y límites. En una fórmula de “YO CREO”, expone su convicción:

“Creo que estamos aquí en la tierra precisamente para trabajar por la venida del Reino de nuestro Padre celestial”.

Refiriéndose a la lectura del libro: “Voces desde la prisión de Lamennais, María Eugenia expresa su pensamiento y convicción.

“Más de una cosa hizo que mi corazón latiera con fuerza; no es posible, en definitiva, que la regeneración terrena de la humanidad, de su ley social, no venga de la palabra de Jesucristo … Como los obreros de nuestras antiguas catedrales; muchos trabajan sin saber lo que están haciendo por la ciudad del futuro. Incluso los que trabajan, sin querer, son como los romanos, haciendo caminos para los predicadores del Evangelio”. La Iglesia está en el centro de sus preocupaciones y dice: “Es a través de la Iglesia que el Reino de Jesucristo llega al mundo. “

Teniendo en cuenta la realidad de su tiempo, en una instrucción, hablando a las Hermanas, María Eugenia dice:

“Quizás el Reino de Dios nunca haya sido tan desconocido como lo es ahora. Después de todo, este no es el momento de desanimarse. Ves los santos, a pesar de la dificultad de la época en que vivieron, nunca perdieron el valor. No se cansaron nunca de pedir que venga el Reino de Dios, que se respete su nombre, que se le adore, que el Evangelio triunfe en el mundo. No dejemos nunca de pedir este Reino del Señor universal y social”.

En la Regla de Vida de las Hermanas de la Asunción está escrito:

“Cualquiera que sea su tarea en la comunidad, o en la Obra Apostólica, sea cual sea su edad, su salud, sus talentos, las Hermanas son todas apóstoles por vocación” (RV, 75).

LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO llena el corazón y toda la vida de quienes se encuentran con Jesús, dice el Papa Francisco (EG, 1). “La evangelización es deber de la Iglesia … Es un misterio que tiene sus raíces en la Trinidad, pero tiene su realización histórica en un pueblo peregrino y evangelizador que siempre trasciende toda expresión institucional necesaria” (EG p 93)

Hermana Ana Maria de Oliveira RA

Itapací Goiás

Leia Mais

CAPÍTULO DE 10 DE MARÇO DE 2024: “VIVER A GRAÇA ESPECIAL DE NOSSO TEMPO”

Muito queridas Irmãs e amigos, Desejo a todos uma feliz festa de Santa Maria

TENER UNA MADRE, SER MADRE

“Madre”, al otro lado de la ciudad, la voz se ahogó… “Madre, continuó, Lili

O Mês de Abril de 1839

                           

¿LOS SUEÑOS SE HACEN REALIDAD?

                           

POR ELLA…

Por ella se escribieron libros… Por ella los jóvenes dieron un giro en la

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *