“Es grato a los ojos de Dios que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”.
El profeta Amos, deja claro, a quien se dirige (Amós 8,4-7): “Ustedes, los que aplastan al pobre y tratan de eliminar a la gente humilde” (v.4).
El profeta Amos conoce bien esta realidad pues el mismo dice, que no es profeta ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador, pero que el Señor lo sacó de detrás del rebaño y le dijo que fuera a profetizar a su pueblo Israel.
La vida del campo no le impidió tener una vasta cultura y conocer muy bien todo lo que ocurría en el Reino de Israel. Porque a pesar de ser nativo de Judá, su mensaje está dirigido al Reino del Norte, durante el reinado de Jeroboam (750 a.C.).
En estos años había una “cierta” paz exterior, que favorecía los negocios, y un ansia de lujo y opulencia se apoderó de las clases pudientes, mientras la mayoría del pueblo estaba más oprimido que nunca.
Así, en el texto de hoy el profeta describe con detalle como los poderosos oprimen a los pobres, con todos los medios inescrupulosos a su alcance : “achicaremos la medida, aumentaremos el precio y falsearemos las balanzas para robar; compraremos al indefenso por dinero… Y al pobre por un par de sandalias” (v.5)
Al final el profeta agrega un mensaje de esperanza “El Señor lo ha jurado, por el honor de Jacob, nunca olvidaré lo que han hecho”.
Es tan grande la injusticia, tan desigual la lucha que parece imposible que el pobre pueda liberarse y llevar una vida digna… (¡Parece que la historia nos asemeja!). Sin embargo, el pueblo sigue su camino con la esperanza de la presencia del Señor que le transmiten los profetas cómo Amos.
El Salmo 112 pertenece al grupo de los Salmos sapienciales, que muestran los caminos opuestos de los justos y los malvados. En este caso, nos presenta el camino de los justos, cómo respuesta a la lectura del profeta Amos que describe con tanta crudeza el accionar de los malvados para aplastar a los pobres.
El Salmo elogia en cambio, la actitud opuesta: Los que respetan al Señor y se complacen en sus mandamientos, los que son compasivos, misericordiosos y rectos, los que confían, los que se apiadan y dan prestado y administran con honradez sus asuntos…
Finalmente nos dice el Salmo que este hombre es el que triunfa, el que es bendecido ampliamente, y que su recuerdo permanecerá para siempre… Nos hace bien escuchar todo esto porque encuentra eco en lo más hondo de nuestro corazón, como que fuimos creados con esta lógica humana y compasiva.
Quizás aquí, sería bueno meditar en alguna experiencia en que hemos percibido que este modelo de hombre es el que triunfa y es bendecido ampliamente, aunque a primera vista la experiencia humana pareciera mostrarnos lo contrario.
En la segunda Lectura, San Pablo se dirige a Timoteo (1Timoteo 2,1-8), dándole instrucciones para la formación de las comunidades cristianas. Y lo instruye de una manera muy linda: “Te ruego”, le dice, que se hagan peticiones, oraciones y súplicas por todos los hombres, por los Reyes y los que tienen autoridad, para que podamos gozar de una vida apacible, profundamente religiosa y digna.
Estas cartas Cristianas en realidad, no se sabe si fueron escritas por el mismo Pablo o por sus discípulos, con la preocupación de formar verdaderas Comunidades Cristianas. Por eso son llamadas Cartas Pastorales.
De todos modos, siempre nos dejan bien claro, los elementos de la Doctrina Paulina como nos dice el v. 3 y siguientes “Esto es grato a los ojos de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”.
Porque Dios es único, como único es su mediador Jesucristo, del que yo soy su apóstol: “Deseo pues que todos los hombres oren en todo lugar, levantando las manos sin ira ni discusiones (v.8).
Esta es la propuesta para la organización de las Comunidades Cristianas, tan distinta a la que se vivía en las sociedades que nos describe Amos, y que también existían en tiempos de Pablo. Buscan que las que las Comunidades Cristianas presenten un camino distinto; el plan salvífico, como lo llamaba Pablo.
El Evangelio (Lc 16,1-13) que nos deja siempre un poco perplejos ante la propuesta del administrador infiel que Jesús elogia. Las interpretaciones, a veces no nos conforman del todo.
Intentaré abordar una interpretación, a partir de comprender la realidad que estaban viviendo las comunidades Cristianas y en especial la Comunidad de Lucas.
Las primeras Comunidades Cristianas estaban formadas principalmente por pobres y esclavos. Más tarde empiezan a incorporarse personas con más alto nivel económico, ocasionando así conflictos entre ricos y pobres.
Jesús sabía en qué sociedad le estaba tocando vivir… Los seguidores de Jesús debían buscar salidas a las situaciones de agonía que les acechaban.
Sin las parábolas, que son ejemplos sacados de las cosas de la vida y de la naturaleza, el pueblo sencillo nunca hubiera podido llegar a entender, ni ayer ni hoy, lo que Jesús quería comunicar.
Está parábola nos propone un ” gancho”. El “gancho” es el administrador corrupto. Jesús sabía que quienes formaban parte del sistema injusto reinante, llevaban todas las de ganar, contra los que querían buscar alternativas de justicia.
Aquí, nos muestra que la tarea que los seguidores de Jesús debían inaugurar era de creatividad, para poder competir en iniciativas frente a los “hijos de las tinieblas” y servidores de la injusticia. Esto se lograría con una mentalidad en la que lo único válido fuera lo justo. Algo muy en contra de la mentalidad del sistema para el que cualquier alternativa era válida, sin que fuera necesario recurrir a la justicia como parámetro de acción.
Jesús se encuentra ante realidades semejantes a las que nos mostró el Profeta Amos, pero da un paso más, invita a las Comunidades a buscar estrategias para luchar contra estas situaciones. Tanto Amos como el Salmo nos decían que el justo prevalecerá… Y aquí Jesús no solo denuncia la injusticia, sino que nos invita a buscar caminos para que el bien vaya prevaleciendo.
Profetas de hoy y en la historia:
Ya Santa Maria Eugenia, en los tiempos convulsionados que le tocó vivir después de la Revolución Francesa, sintonizó con las posturas más proféticas dentro de la Iglesia Francesa y descubrió en estás posturas, lo que se iría dando en el tiempo, aunque no parecía ser todavía el momento oportuno.
Y en nuestra América Latina podríamos encontrar muchísimos testimonios proféticos, de personas que dejaron, incluso la vida.
Quisiera recordar hoy, la figura de un político profético, que nos dejó hace muy poco. El Pepe Mujica en Uruguay. Su testimonio de lucha, sufrimiento, y coherencia total de vida, nos mostró un camino de vida. Quiero recordar una conclusión que fue elaborando después de cárcel y torturas, y que es todo un aprendizaje de vida.
“En mi jardín hace décadas que no cultivo odio, porque aprendí una dura lección que me puso la vida: Que el odio termina estupidizando, porque nos hace perder objetividad frente a las cosas. El odio es ciego, cómo el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye”.
Marta Elena Podesta



