Jesús: Nuestro Alivio y Descanso
En este mes de julio la Iglesia riojana en el marco del cincuentenario del martirio de Mons. Enrique Angelelli y de sus compañeros: Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera, y en celebración del Año Jubilar ofrece a los fieles un tiempo particular de gracia para fortalecer la fe, la comunión eclesial y la misión evangelizadora, en sintonía con su enseñanza y el ejemplo de nuestros mártires riojanos.
La primera lectura de la profecía de Zacarías (Zac 9, 9-10) nos anuncia la llegada de un Mesías, rompiendo completamente el esquema de la época, el rey esperado entra montado en un asno, animal de carga, trabajo y de paz, su poder no radica en la capacidad de infligir violencia, sino en la capacidad de su justicia y su humildad, presentándose simbólicamente como el “Príncipe de la paz”.
El evangelio de Mateo (Mt. 11,25-30) nos evoca tres núcleos fundamentales para la vida de todo cristiano. En el primer núcleo descubrimos a un Jesús orante, un Jesús que se dirige a su Padre, en un encuentro que es diálogo, que es oración y al que todos estamos invitados.
Jesús en ese diálogo le dice: “te alabo Padre porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla”, tiene una honda sintonía con el magníficat de la Virgen María, quien canta al Señor, se une en diálogo, alaba al Padre y se produce ese encuentro a través de esta magnífica oración que ella nos recuerda que derribó a los poderosos, a los soberbios y exalta a los humildes.
En esa misma lógica que seguramente el corazón de madre le habrá enseñado a su amado hijo Jesús a que por ahí venía el proyecto de Dios, él luego de grande lo puede decir en esta oración que ha ocultado las cosas y se las revela a la gente sencilla. Eso es maravilloso, descubrir en el corazón del hijo también el conocimiento profundo de una madre y el conocimiento profundo de una madre como María en el corazón de su hijo. Es un evangelio para relacionar con Lucas 1, 46-55 en este primer núcleo de la oración de Jesús.
El segundo núcleo hace referencia al padre que conoce al hijo y el hijo que conoce al padre como nosotros conocemos a nuestros padres y ellos nos conocen muy bien a nosotros. Muchas veces hemos escuchado decir a nuestros padres: “los conozco como la palma de mi mano”, “cada dedo representa un hijo”, cada uno con sus características, cualidades, dones y talentos.
A este núcleo lo llamamos del conocimiento profundo del misterio del Jesús histórico, del Jesús de Nazaret para con su Padre y su Padre para con Él. Monseñor Angelelli en su pastoreo puso su oído en los pequeños, por eso esa expresión tan linda de él que resume su actitud de caminar “con un oído en el pueblo y otro en el evangelio”.
Y como tercer núcleo descubrimos a Jesús que es descanso, es remanso, es paciencia. En Él podemos dejar nuestras cargas, saborear las primicias de la suavidad del evangelio y de sus palabras para redescubrir el proyecto del Padre. Y evocando a Monseñor Angelelli que logra poner en palabras esto de ser como un sausal, un sausal pegadito junto al río para dar sombra.
Ese dar sombra también es alivio, es descanso en la tregua, en las luchas cotidianas que son muchas y necesarias. Ese Enrique Angelelli, ese Carlos, ese Gabriel, ese Wenceslao que fueron el descanso para muchos de este pueblo riojano y de todo aquel que llegó a ser parte de ese proyecto de reino acá en este terruño.
Que Monseñor Angelelli, pastor según el corazón de Jesús manso y humilde y Santa María Eugenia, nos alcancen la gracia de tomar su yugo. Un yugo que pesa menos, porque se lleva entre hermanos.
Mártires riojanos, rueguen por nosotros.
Santa María Eugenia, ruega por nosotros.
Asunción Juntos La Rioja y aportes de Ramona Romero y el Padre Gonzalo Llorente.



