¿Ustedes se acuerdan de una canción popular antigua cuyas primeras palabras eran exactamente estas: “Começar de novo…”? Pues sí, es esto lo que hacemos continuamente en la vida… Constantemente, estamos “comenzando de nuevo”…

Hace poco tiempo atrás, comenzamos algo de nuevo: entramos en un nuevo año. De nuevo, voltamos a hablar en enero, febrero… Y hacemos planes para un nuevo marzo, abril, etc… Y, a veces, tenemos la impresión de que estamos viviendo todo “de nuevo”, “comenzando algo de nuevo”… Pero, prestemos atención al sentido de la expresión “de nuevo”. Al decir “comenzar de nuevo”, ¿estoy, en realidad, diciendo “comenzar otra vez”, o será que “comenzar algo de nuevo” quiere decir “comenzar algo diferente, nuevo”?

Hace un cierto tiempo atrás, 2026 parecía todavía estar lejos, en el horizonte. Pero, de repente, llegó, casi atropellándonos… Y, queriendo o no, aquí estamos nosotros, “comenzando de nuevo” un nuevo año, con promesas de ser diferente…

“Tiempo” es una categoría que acompaña nuestra vida. Desde que comenzamos a existir, él nos acompaña, marcando etapas. Nacemos en determinada fecha: en un día, en un mes, en un año. E este momento nos marca: cada vez que aquel día y aquel mes se repiten, aunque en años diferentes, celebramos nuestro aniversario con pasteles, fiesta, alegrías y, a veces, aprensiones.

Pero nuestra relación con el tiempo es, a veces, complicada.

Cuando somos niños, el tiempo tarda en pasar… Los días son largos, los meses se estiran, y los años, ni se diga… Cuando la madre deshace el árbol de Navidad que había sido lindamente adornado en la sala, parece que una eternidad pasa hasta que ella comience a adornar otra… ¡Y los aniversarios, entonces, cómo tardan en llegar!

Pero cuando el niño que fuimos se convierte en el adulto que somos, el tiempo parece volar. Los días pasan sin que “tengamos tiempo” para hacer todo lo que queremos o debemos hacer. Los meses corren… Los años parece que están yendo “a mil por hora”… El tiempo parece que escapa, se escurre entre nuestros dedos. Y él no vuelve atrás…

Nosotros, seres humanos, tenemos una característica única: nacemos en el tiempo, vivimos en el tiempo, pero tenemos la capacidad de construir algo que sobrepasa el tiempo: podemos construir para la eternidad… Esto nos decía Jesús cuando enseñaba al pueblo que se reunía en torno a él para oír su palabra: “¿No se venden dos gorriones por unas monedas? Sin embargo, ninguno de ellos cae al suelo sin el consentimiento del Padre de ustedes. (…….) Ustedes valen más que muchos gorriones. Por lo tanto, todo aquel que dé testimonio de mí delante de los hombres, también yo daré testimonio de él delante de mi Padre que está en el cielo”. (Mt 10, 29-32)

Jesús nos dice que Dios cuida de todo aquello que él creó, cuánto más de las personas, creadas a su imagen y semejanza. Si vivimos según nuestra fe, siguiendo las palabras que Jesús nos dejó, él mismo hablará de nosotros a nuestro Padre, para que él nos acoja en la felicidad eterna. Jesús nos coloca en el camino al mostrarnos cómo debemos vivir. Sus palabras son palabras de vida, pues ellas nos abren el camino para la vida y la felicidad eternas. Pero es preciso que caminemos… Es preciso aprender a caminar del modo que Jesús nos enseñó… Como un niño pequeño que da dos pasos, tropieza, cae, pero se levanta y continúa caminando, así debemos ser nosotros: cada vez que caigamos, tener la valentía de levantarnos y comenzar de nuevo a caminar…

Es este también el enseñamiento que recibimos de Santa María Eugenia. Veamos algunos de sus pensamientos, algunas de sus frases dichas a las Hermanas que pueden también servirnos como resoluciones para “comenzar de nuevo” este año:

“Despertar nuestra fe en la venida actual de nuestro Señor Jesucristo. Debemos buscar, por encima de todo, formar en nosotros esta semejanza con Jesús”.

“¿Nos proponemos buscar el rostro de Dios?”

“Dios hizo tanto por mí que quiero hacer algo por él”.

“Aquel que llevo dentro de mí sostiene al mundo; él puede sostenerme también en este esfuerzo que me parece imposible”.

“Aquel que habita en lo profundo de mi ser es lo suficientemente fuerte para llevarme a atravesar los obstáculos”.

“Que cada uno de nosotros se examine y vea un defecto exterior, habitual, que tenga – impaciencia, egoísmo u otros. Propongo que en este año uno de estos defectos – ni dos, ni tres, uno solo – desaparezca”.

“Para amar, es preciso ser humilde”.

“Comprendan la importancia y el precio del tiempo que Dios da a ustedes para preparar su eternidad”

(Todos estos pensamientos y palabras de Santa María Eugenia fueron sacados de las Instrucciones que ella daba a las Hermanas, pero son aplicables a todos nosotros.)

Como sucede ciertamente con cada uno y cada una de nosotros, comenzamos este año con una buena cantidad de propósitos: “Este año, quiero desarrollar tal o cual cualidad; esforzarme más para tener tal o cual actitud; conseguir hacer tal o cual cosa, etc… etc… etc…” Tenemos buenos deseos de crecimiento como persona, buenas intenciones de volvernos mejores, de desarrollar nuestras cualidades, de luchar contra nuestros defectos. El problema es que este es un trabajo difícil, que exige esfuerzo. Y cuando nos sorprendemos cayendo en los mismos defectos de antes, corremos el riesgo de desanimarnos… Y nos quedamos parados…

Pero, en la vida, no podemos quedarnos parados. Para ayudarnos en la caminada, vamos a elegir una o, como máximo dos de las frases de Santa María Eugenia como lema de este año que estamos iniciando.

Que esta frase, o estas frases, que elegimos nos ayuden a “comenzar de nuevo” a cada día de este año de 2026. Que Santa María Eugenia nos ayude a llegar al mes de diciembre y poder percibir la caminada hecha en nuestra lucha para volvernos personas mejores. Pidamos a ella la gracia de poder “comenzar de nuevo” cada vez que fallemos o nos cansemos en el camino.

Pidamos al Señor que nos dé fuerzas para continuar caminando, incluso cuando golpee la tentación de quedarse parados o volver hacia atrás. Sepamos caminar con alegría, cantando en el corazón: “Comenzando de nuevo…”

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