El tema de este domingo es la importancia de mantener una relación estrecha con Dios a través de un diálogo íntimo y constante con Él; y esto solo es posible a través de la oración. Tanto la primera lectura como el Evangelio abordan esta cuestión, señalando que a través de la oración vamos conociendo mejor a Dios y entendiendo Sus caminos que, no siempre, son de fácil comprensión.

Ya la segunda lectura presenta las Sagradas Escrituras como una fuente privilegiada de encuentro con Dios por indicar el camino a seguir por nosotros, los cristianos.

En la primera lectura, Éxodo 17, 8-13 a, tenemos el relato de una sangrienta batalla entre el pueblo hebreo y una tribu del desierto, los amalecitas. Mientras Josué lideraba a los hebreos en el combate, Moisés, Aarón y Hur subieron a una colina para rezar. Moisés, ya anciano, era sostenido por sus dos amigos que le ayudaban a mantener sus manos levantadas hacia lo alto, en señal de oración y súplica a Dios. Y así los hebreos iban venciendo la difícil batalla.

El texto nos muestra que la batalla fue ganada por los hebreos no solo por la valentía de Josué y sus liderados, sino debido a las oraciones y súplicas de Moisés que pedía la ayuda de Dios. Esto nos revela que Dios no es un ser distante, sino, por el contrario, cercano a nosotros y que actúa en favor de quien se dirige a Él con fe a través de la oración.

En el evangelio, Lucas 18,1-8, Lucas nos cuenta una parábola donde una viuda pobre e injusticiada, víctima de la explotación de los ricos y poderosos de la época, pide la intervención de un juez a su favor, pero él nunca le presta atención ni ayuda. Sin embargo, ella insiste hasta que un día, cansado de tanta insistencia, el juez insensible acaba por hacer justicia a la viuda.

¿Y qué nos dice esta parábola? Lo más importante en este episodio es el hecho de que la viuda logra justicia a través de su persistencia. A pesar de haber sufrido toda su vida, no perdió la fe y la esperanza en alcanzar la justicia que creía merecer. Es importante comprender que los sufrimientos de la vida son inherentes a ella y que no podemos desistir de luchar. Si en un primer momento Dios nos parece distante e insensible, Él siempre nos atiende si sabemos esperar, manteniéndonos confiados en Su misericordia y sustentados por la esperanza. Y es justamente a través de la oración, cuando nos ponemos delante de Dios y abrimos nuestro corazón, que alimentamos y fortalecemos esta postura ante Dios; solo así podemos descubrir y entender los caminos que Él nos propone, que muchas veces no son claros ni fáciles de soportar.

Ya dijimos que la oración es el diálogo que mantenemos con Dios, entonces necesitamos ponernos delante de Él con fe, es decir, realmente creyendo que Él puede ayudarnos a ser verdaderos cristianos. Esto presupone humildad de nuestra parte, teniendo conciencia de que solos y solo con nuestros propios esfuerzos, no venceremos las batallas que la vida nos presenta.

Según Santa María Eugenia, fundadora de la Congregación de la Asunción, la vida contemplativa es una vida en la que la fe y el amor iluminan y nos guían en todo. La luz de Cristo y del Evangelio nos transforman e iluminan todas nuestras actividades y todas nuestras relaciones. Es una actitud de amor a la cual se une el ardor de la voluntad y la alegría del corazón.

En la segunda lectura, 2 Timoteo 3,14-4,2, San Pablo invita a los cristianos a permanecer fieles a la doctrina aprendida de la Tradición y de las Escrituras. Él evidencia el hecho de que las Escrituras han sido inspiradas por Dios, lo que les confiere un carácter de Verdad y de Sabiduría. Esto significa que el Evangelio contiene y expresa el mensaje que Dios quiere transmitirnos y enseñarnos, de ahí la importancia de dedicarnos a la lectura y a la reflexión de las enseñanzas contenidas en él: ellas nos iluminarán y guiarán nuestro caminar. ¿Será que hemos dedicado atención y tiempo suficientes para conocer la Palabra de Dios?

La lectura y reflexión bíblica deben ser cultivadas por cada uno de nosotros y ser también practicadas en nuestras comunidades para que podamos enriquecernos y profundizar nuestra espiritualidad y consolidar los lazos que nos unen a nuestros hermanos. Así vamos dando sustento a la fe que profesamos y creciendo como Iglesia.

Sandra Yazaki

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